El Vendrell literario II.
| El escenario de una investigación policíaca. Desde finales de junio había estado buscando una casa con corazón, pero las casas con corazón ya no abundan. Desde el fondo de su cultura nacida en enormes bibliotecas y en archivos donde el tiempo nunca muere, Olvido odiaba los apartamentos hecho con papeles de fumar, con toses de vecinos y con soles racionados por una pared frontera. Buscaba una casa con historia, algo apartada, con complicidades
de silencio y de arena. Sabía que no era fácil. Olvido encontró al fin la casa en Sant Salvador,
cerca de un museo, éste de verdad, donde Pau Casals oyó
en tiempos la vieja voz del mar. Era una casa ocre, con un pequeño
patio delantero que daba a la carretera, y otro patio posterior que
daba a la arena de la playa y a todos los olvidos del oleaje. La
casa estaba rodeada por árboles ignorados y daba sensación
de silencio, de soledad compartida con algún espíritu.
Éste, según había descubierto Olvido, es el
secreto de las casas elegidas. (...)Méndez descubrió a Olvido desde el único bar que, a su juicio, merecía ser conservado en aquel pedazo de costa que en su día fue venerable, que tuvo pescadores sabios, matronas dispuestas a aguantarlo todo y pensadores entendidos en lunas. El bar estaba detrás de una discoteca llamado Toboggan's y cerca de un último reducto de palmeras que recordaban un oasis africano, una música lejana, una mujer esperando quién sabe qué -pero nada relacionado con la monogamia- en su círculo de arena. En todo caso las palmeras sugerían cualquier cosa menos la realidad de los turistas yendo al supermercado o preparando una paella de urgencia. El bar tenía un nombre la mar de aristocrático. Se llamaba Can 60 y conservaba milagrosamente el aire de un refugio de pescadores dados a contemplar la vida que pasa. Tenía paredes encaladas, sillas viejas y decrépitas, porrones históricos hechos a todos los trasiegos de los vinos blancos del Penedés y a todos los acompañamientos de la caballa, la sardina y la chirla; tenía detrás las palmeras, delante la arena; tenía noches de bombillas macilentas y de sombras que se iban; guardaba los silencios de otras épocas en una especie de milagro que ya no se repetiría nunca más. Era el último refugio para un hombre que quisiese tener la elegancia de elegir su propia muerte entre la indiferencia más absoluta del mundo que pasa, amén. (...)El asunto correspondió al juzgado de El Vendrell,
honesta ciudad donde Pau Casals parió música celestial,
Angel Guimera dramas inmortales y Jaume Carner pertinaces impuestos
indirectos (por descontado, más duraderos que los dramas y la
música). Sólo por eso, El Vendrell merecería pasar
al catálogo de las ciudades inmortales, como
el Reus de Gaudí, de Fortuny y de Sert, pero la gente de verano
sólo suele enterarse de que en El Vendrell se puede beber, mientras
que en Reus no hay agua. Pertrechada con conocimientos tan concretos,
la gente de verano reúne todas las posibilidades de ser feliz. (...)El coche de Olvido se detuvo al regreso en un descampado, cerca de Sant Vicens de Calders, uno de los pueblos más pequeños de España para una de sus estaciones más grandes. Pueblo de casas silenciosas, de ventanas herméticas, de gatos olvidados y pintores que aspiran a la eternidad aunque sea una eternidad provinciana. Méndez miró con justificada aprensión aquel sitio de aire limpio donde no había ni un bar ... (...)Se puso en pie, se sacudió un poco la
arena sobre la piel todavía joven y tersa y señaló
la línea dorada de la playa. Pese a faltar mes y medio para fin
de año, lo mismo Sant Salvador que Comarruga estaban muy concurridos
aquel sábado. Los alemanes de la tercera edad evitaban
el infarto haciendo marcha atlética hasta el borde del infarto,
mientras esquivaban a los españoles de la primera edad
que perseguían a sus perros. Algunas matronas de la
burguesía aposentada hacían calceta junto a sus apartamentos,
mientras hablaban de los precios y quién sabe si de orgasmos
lejanísimos y seguramente gloriosos. Sus maridos jugaban
a la petanca en la última frontera de la soledad olímpica.
Junto a una de las casas más antiguas, los tres pintores más
asiduos de Sant Salvador -Elvira André, Rosa Torralba y Joan
Maeztu- seguían buscando la perfección que un día
soñaron, cuando ellos y la luz aún tenían veinte
años. ... Crónica sentimental en rojo. Francisco González Ledesma. Barcelona, 1984. Editorial Planeta. Premio Planeta 1984. |
| En la novela, el policía Méndez, al borde de la jubilación, investiga un asesinato ocurrido en la playa de Sant Salvador. La visión irónica del protagonista sigue un itinerario que recorre diferentes lugares emblemáticos del Vendrell y sus playas. |
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—1. ¿Qué características del Vendrell destacan en esta visión literaria? —2. ¿Qué elementos del itinerario descrito existen todavía? ¿Qué elementos han cambiado o han desaparecido? —3. ¿En qué lugares del Vendrell pueden encontrarse "casas con corazón"? —4. Según la visión irónica del protagonista, ¿qué buscan los turistas del Vendrell? —5. ¿Cuál es el significado de las siguientes frases:
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