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Vendrell, el feo
Hacía tiempo que no visitaba El Vendrell.
Aunque ya conocía su degradación urbanística,
esta vez me he quedado atónito ante tantas barbaridades,
tantos errores, tanto desprecio a una tradición
de cultura y de vivacidad turística que prometía
unas perspectivas de cierta distinción social y urbana.
Ahora se ha convertido en una de las ciudades
más agresivamente feas de Cataluña y lo que queda
del minúsculo centro histórico y los residuos de
los testimonios de los años felices y prometedores no
logra siquiera difundir un aliento de dignidad.
La desenfrenada suburbialización del
paisaje del entorno no creo que tenga ningún paralelo,
aunque sea un fenómeno evidente también en todas
nuestras ciudades, sobre todo los centros turísticos y
balnearios.
No recuerdo un caso como el del Vendrell, ni
en la cantidad acumulada ni en la pésima calidad arquitectónica.
Con un agravante: la arquitectura de los nuevos apartamentos
-esos bloques construidos con material escatológico-
ha invadido sus propios ensanches urbanos y ha convertido toda
la ciudad en un suburbio centralizado, un catálogo
comprimido de fealdades insanas, invivibles,
una escenografía de la barbarie.
¿Quiénes pueden ser los culpables de
este desastre? Ante todo, hay que acusar a los propietarios y promotores
inmobiliarios y a sus arquitectos.
A los arquitectos ¿es que no vamos a exigirles
unos principios éticos y una solvencia profesional? ¿Por
qué se habrán acumulado tantos arquitectos inmorales
en la bella geografía del Vendrell? Habría que provocar
la indignación popular, -si es que el pueblo tiene todavía
capacidad de indignarse- escribiendo en la fachada de cada casa
y de cada bloque el nombre de su abominable autor.
¿Qué pensaban los arquitectos asesores
del Ayuntamiento y los alcaldes elegidos democráticamente
cuando firmaban licencias que inevitablemente comportaban la cancerización de
su ciudad y de todos sus entornos?
Y durante este tiempo,¿cuál ha sido
la función del Departamento de Política Territorial
de la Generalitat, que al fin es la gran responsable del desastre cometido
en su mayor parte durante la democracia y la autonomía?
Hay unos planes ya inicialmente mal hechos que se
adaptan a ciertas exigencias de la especulación,
hay modificaciones e interpretaciones de estos planes bajo las
presiones sucesivas de los promotores, hay influencias que pueden
interpretarse como corruptas, hay una ausencia
total de vigilancia y de instrumentos de control a favor de un libertinaje interesado
y, sobre todo, hay una incapacidad técnica o, por lo menos
unos graves errores metodológicos en toda la política
del departamento.
Es decir, hay una política de general consentimiento al
asesinato urbano en favor de la voracidad de un
capital que, además de inculto y antisocial, es sencillamente miserable.
Adaptación de parte de un texto de
Oriol Bohigas publicado en el País el miércoles
29 enero de 2003.
El municipio aludido era Sitges (Sitges, la fea), no El Vendrell.
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