Aplicar el mètode
científic a la política
Las verdades científicas deben renovar continuamente
su vigencia frente a su último juez, la experiencia. Un cambio
de verdad realizado por este procedimiento no es nunca una traición
a nada, excepto quizás a los propios intereses.
Un físico cambia su sarta de verdades con
alegría, a un psicólogo le cuesta algo más, y un
político incluso suele presumir de la antigüedad de sus
afirmaciones.
Hay que admitir que la democracia es el sistema
más científico de todos los sistemas políticos.
Pero las enormes fotografías de los candidatos,
sus símbolos y frases hechas trufando nuestra realidad durante
cualquier campaña electoral, nada tiene que ver con la objetividad,
la inteligibilidad y la dialéctica, sino con un intento descarado
de revelarnos a quién debemos votar.
Un científico no es, en nada, más
noble que un político. Pero hay algo que quizá no se nos
haya ocurrido todavía: probar el método del científico
para enriquecer la tarea del político. No se trata de acabar
con las creencias, se trata de no privarlas de los principios del método
científico. De hecho, la investigación científica
empieza siempre con creencias.
Jorge Wagensberg. Ideas para la imaginación
impura.
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