Leed atentamente el siguiente texto:
Para muchas personas hablar del pasado de su pueblo
significa volver a revivir la infancia y los recuerdos idealizados
de un tiempo y un espacio que imaginan más puro, idílico
y perdido, y del que han olvidado la mayor parte de aspectos negativos.
Los pueblos y ciudades se han transformado intensamente
en las últimas décadas, y a la vez que muchos aspectos
mejoraban sustancialmente, han aparecido nuevos problemas o se
ha agravado antiguas preocupaciones.
La transformación de las actividades productivas,
básicamente el paso de una economía agrícola
a una economía industrial o centrada en los servicios, han
propiciado grandes transformaciones en relación a la ocupación
del espacio y a los estilos de vida.
Por otro lado, el precio de la vivienda y los problemas
de aglomeración en las grandes ciudades han convertido a
una serie de municipios bien comunicados de las coronas metropolitanas
en apéndices residenciales "dormitorios" o en segundas residencias
para fines de semana o periodos de descanso.
En estos pueblos el número de habitantes se
duplica o triplica en pocos años y los nuevos barrios proliferan
en terrenos donde hace poco crecían cultivos o se extendían
lagunas o arenales litorales.
Ante los nuevos conflictos que van surgiendo de sostenibilidad
ambiental, de convivencia social y de Calidad de Vida, las agendas
políticas siguen dominadas por una visión de los
problemas a corto plazo.
Los pueblos dejan de ser núcleos de casas
rodeados de un espacio agrario y natural, más o menos tranquilo,
para convertirse en elementos de una red urbana amplísima
conectada por numerosas vías de comunicación y en
la que los ciudadanos pasan muchas horas en tránsito entre
el lugar de trabajo y el hogar de residencia.
Para hacer frente a todos los retos de futuro de
nuestros municipios se precisan nuevos proyectos colectivos con
un enfoque global de los problemas, con visiones a largo plazo
y una considerable participación ciudadana que complemente
las consultas electorales. |