La ciudad de los prodigios. Eduardo Mendoza. Ed Seix Barral. Barcelona. 1986

"El año en que Onofre Bouvila llegó a Barcelona la ciudad estaba en plena fiebre de renovación. (...)

Onofre Bouvila no había nacido en la Cataluña próspera, clara, jovial y algo cursi que baña el mar, sino en la Cataluña agreste, sombría y brutal que se extiende al sudoeste de la cordillera pirenaica (...)

Siempre había vivido en el campo y sólo había visitado una vez una población importante... Ahora, sin embargo, la propia Basora le parecía algo insignificante cuando la comparaba mentalmente con aquella Barcelona a la que acababa de llegar y de la que aún no sabía nada...

(...)A estos acontecimientos siguieron otros igualmente importantes. De ellos algunos fueron jubilosos y otros aciagos; luego éstos y aquéllos fueron amalgamados por la memoria colectiva, acabaron formando en esa memoria una sola cosa, una cadena o pendiente que llevaba ineluctablemente a la guerra y a la hecatombe. Después la gente al hacer historia opinaba que en realidad el año en que Onofre Bouvila desapareció de Barcelona la ciudad había entrado en franca decadencia."

 

 

En la novel·la Aloma, de Mercè Rodoreda, la protagonista afirma: “la ciutat és el lloc on les noies poden plantar cara a la vida, sense somnis”. Als anys 30 la ciutat ja era un lloc obert on una dona jove amb problemes podia començar de nou.

La protagonista, mare soltera amb la casa perduda, tindria les coses pitjor si en lloc de Barcelona visqués en una atmosfera rural. L’anonimat de la ciutat, poder començar de nou, és el veritable aire lliure.

Aloma respira a fons en molts pocs moments, sempre quan és fora o lluny de casa. La ciutat esdevé l’escenari on és possible conjugar la fugida dels carrers familiars i coneguts. A la ciutat, la diferència i la solitud poden ser alliberadores.