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Miguel de cervantes. El ingenioso
hidalgo don Quijote de la Mancha
Capítulo LXI
De lo que le sucedió a don Quijote
en la entrada de Barcelona...
En fin, por caminos desusados, por atajos y sendas encubiertas, partieron
Roque, don Quijote y Sancho con otros seis escuderos a Barcelona. Llegaron
a su playa la víspera de San Juan, en la noche (...)
(...) no tardó mucho cuando comenzó a descubrirse
por los balcones del oriente la faz de la blanca aurora, alegrando
las yerbas y las flores, en lugar de alegrar el oído: aunque
al mesmo instante alegraron también el oído el son de
muchas chirimías y atabales, ruido de cascabeles, «¡trapa,
trapa, aparta, aparta!» de corredores que, al parecer, de la
ciudad salían. Dio lugar la aurora al sol (...)
Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar,
hasta entonces dellos no visto; parecióles espaciosísimo
y largo, harto más que las lagunas de Ruidera que en la Mancha
habían visto; vieron las galeras que estaban en la playa (...)
dentro sonaban clarines, trompetas y chirimías, que cerca y lejos
llenaban el aire de suaves y belicosos acentos. (...)
El mar alegre, la tierra jocunda, el aire claro, solo tal vez turbio
del humo de la artillería, parece que iba infundiendo y engendrando
gusto súbito en todas las gentes. No podía imaginar Sancho
cómo pudiesen tener tantos pies aquellos bultos que por el mar
se movían. En esto llegaron corriendo, con grita, lililíes
y algazara, los de las libreas adonde don Quijote suspenso y atónito
estaba, y uno dellos, que era el avisado de Roque, dijo en alta voz a
don Quijote:
—Bien sea venido a nuestra ciudad el espejo, el
farol, la estrella y el norte de toda la caballería andante,
donde más largamente se contiene; bien sea venido, digo, el
valeroso don Quijote de la Mancha: no el falso, no el ficticio, no
el apócrifo que en falsas historias estos días nos han
mostrado, sino el verdadero, el legal y el fiel (...)
Volvió otra vez el caballero que habló a don Quijote y
díjole:
—Vuesa merced, señor don Quijote, se venga
con nosotros, que todos somos sus servidores ...
A lo que don Quijote respondió:
—(...)Llevadme do quisiéredes, que yo no tendré otra voluntad
que la vuestra, y más si la queréis ocupar en vuestro servicio.
Con palabras no menos comedidas que estas le respondió el
caballero, y encerrándole todos en medio, al son de las chirimías
y de los atabales, se encaminaron con él a la ciudad...
Capítulo LXVI
Al salir de Barcelona...
Al salir de Barcelona, volvió don Quijote a mirar
el sitio donde había caído y dijo:
—¡Aquí fue Troya! ¡Aquí mi
desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias,
aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas,
aquí se escurecieron mis hazañas, aquí finalmente
cayó mi ventura para jamás levantarse!
Oyendo lo cual Sancho, dijo:
—Tan de valientes corazones es, señor mío,
tener sufrimiento en las desgracias como alegría en las prosperidades;
y esto lo juzgo por mí mismo, que si cuando era gobernador estaba
alegre, agora que soy escudero de a pie no estoy triste, porque he
oído decir que esta que llaman por ahí Fortuna es una
mujer borracha y antojadiza, y sobre todo ciega, y, así, no
vee lo que hace, ni sabe a quién derriba ni a quién ensalza.
(...)
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