El hermano pequeño. Manuel Vázquez
Montalbán. Ed. Planeta. Barcelona. 1994.
( El exhibicionista.)
(Una mujer encarga al detective Carvalho la búsqueda
de un exhibicionista que podría encontrarse en esos momentos en Barcelona)
...Me gustaría saber
qué pinta un detective privado como yo en una historia de parque
y exhibicionista. (...)
...Todo conduce a pensar
que el exhibicionista está en Barcelona, ...
Carvalho despliega un plano
de Barcelona sobre la mesa desordenada de su despacho y puntea desganadamente
todas las plazas, espacios verdes, parques, encrucijadas de calles
donde un exhibicionista puede sentirse a sus anchas.
-Los barceloneses nos quejamos
de la falta de espacios libres de nuestra ciudad, pero hay los suficientes
como para que buscar a su exhibicionista sea cuestión de meses.
Si no recurrimos a la policía.
-No. Nada de policía.
...si es un exhibicionista
culto tal vez aproveche su estancia en Barcelona para exhibirse en
lugares que le hayan descrito los escritores franceses.
-¿Son muy diversos?
-No, casi todos los
escritores franceses se han especializado en el Barrio Chino barcelonés,
desde Carcó a Mandiargues, pasando por Genet, que fue realmente
quien mejor vivió ese barrio, porque lo vivió como ladrón
y homosexual. Pero dudo que un exhibicionista opere en el barrio chino.
Allí la gente está acostumbrada a todo y un exhibicionista
sería considerado como un loco o como una redundancia.
(...)Y su plan, trazado con
lápiz sobre la retícula urbana de Barcelona, se convirtió en
los días siguientes en un infatigable ir y venir, en el que
la mujer tiraba de él, obsesa por llegar cuanto antes al confuso
objeto de su deseo. Empezaron por la plaza de San Felipe Neri, en el
barrio gótico, al final de un zig zag de calleja expresionista,
un falso cul de sac con la fachada de la Iglesia aún
marcada por la metralla de una bomba caída durante la guerra
civil. Y luego fue, el próximo, el Patio del Claustro de la
Catedral, aun a sabiendas de que los exhibicionistas, como los vampiros,
huyen de la cruz o de su sombra.
-Tal vez sea un exhibicionista
postmoderno y le gusten escenarios eclécticos. Los escenarios
barceloneses más aptos para exhibicionistas no pueden competir
con los grandes parques de París o Londres y en cambio las nuevas
plazas o los nuevos jardines postmodernos pueden atraer la atención
de un exhibicionista contemporáneo.
-¿ Y Gaudí?
A
pesar de que no era japonesa, la mujer tenía noticia de Gaudí.
Así es que empezaron por la azotea del edificio de La Pedrera
donde la piedra consigue ser blanda y los sueños de piedra,
a manera de isla fantástica situada sobre el nivel de los tejados
más sensatos de la ciudad, los tejados concebidos para tapar
los sesos de la burguesía más previsible. (...)
Y tras la azotea de La Pedrera,
un exhaustivo recorrido por el parque Güell, con los suficientes
rincones lúdicos como para que cualquier exhibicionista deseara
tener tres vidas, tres cuerpos, tres sexos y así poder estar
a la altura de aquel laberinto.
Le costó a Carvalho
disuadirla de ir a la Sagrada Familia, convencido de que después
de la cruz es el mucho turismo quien más aleja a los exhibicionistas,
personajes sensibles que prefieren asombrar de uno en uno y dotados
de cierta tendencia a la laicidad. (...)
...Era una cazadora de exhibicionistas,
tan obsesa como un cazador de pistoleros en el Far West... Carvalho
la condujo a partir de entonces por espacios más áridos:
las plazas de Sants o de la España Industrial, o la hizo subir
hasta el Velódromo de Horta para hacerla pasar bajo el alfabeto
de Brossa, por si el exhibicionista se hubiera sentido reclamado por
aquella extraña combinación de ciclismo y poesía
concreta. O quizá había trasladado el catálogo
de sí mismo al escenario ambiguo de la Barcelona destruida para
ser reconstruida, el escenario de bombardeo de las excavaciones de
lo que sería la Vila Olímpica o el desguazado Estadio
de Montjuic (...)
Pero ni sombra del risueño
exhibicionista, y a medida que se deshacían las espectativas
empeoraba el ánimo de la mujer, que pasó del disgusto
casi agresivo a la desesperación y la depresión, momento
que Carvalho aprovechó para suspender la búsqueda y retirarse
a una honda meditación consigo mismo.
De pronto se despertó con
la imaginación llena del ámbito del Moll de la Fusta,
el nuevo paseo abierto al mar, un aquelarre de arqueologías
y arquitecturas que se ha convertido en emblemático de la Barcelona
rechazada por la democracia, aunque algo prematuramente ajada, como
la propia democracia. Y hacia allí condujo a su cliente, la
situó en el centro de la difícil simetría de aquel
espacio híbrido y le explicó todo lo que puede explicarse
de la historia de una ciudad en diez minutos: allí arriba el
castillo militar, símbolo de la represión y los fusilamientos,
como vigilando la escena, aunque se haya disfrazado de parque de atracciones;
inmediatamente la estatua de Colón, una concesión a la
estética pompier y al desafío de la altura según
las pautas francesas del siglo XIX; edificios del poder militar junto
a una plaza romántica como la de Medinaceli; casonas dedicadas
a comercios marítimos más o menos náufragos; palacetes
neogóticos; callejas abiertas hacia la Barcelona vieja y pobre
y gótica; el edificio de Correos y el inicio de lo que quiso
ser Wall Street barcelonés; Vía Layetana, iniciada por
la burguesía industrial sobre los solares de lo que fue mercado
de cerdos. Y ahora este paseo mediterráneo sobre túneles
de tráficos ruidosos y feroces y esta invitación al dolce
far niente, a las tapas de calamar y la cerveza fría en
los restaurantes acogidos a la sombra protectora del bogavante risueño
del diseñador Mariscal.
-Si yo fuera exhibicionista,
me situaría al pie de este bogavante. El bogavante también
abre sus pinzas para asustar falsamente. Pero fíjese en su expresión.
Es un bendito. Es un monstruo inocente.
No le escuchaba. Se había
asomado primero, luego acodado a la baranda que daba al paseo casi
recoleto junto al mar y los barcos anclados en el Club Náutico.
(...) De pronto la mujer se despega de su observatorio y corre por
la rampa que desciende hacia el nivel del mar como si algo o alguien
la convocaran con urgencias que escapan a la comprensión de
Carvalho... |