El Balneario
-Los triglicéridos, un desastre. Desastre relacionado
con la subida del azúcar; estar al otro lado de la frontera
del colesterol malo, y a este lado del colesterol bueno. No hablemos
de los lípidos. Si no se enmienda, es usted una bomba
suicida de relojería.
-Sólo he venido a purificarme durante algunos días. Dos
semanas de purificación me permitirán otros diez años
de pecado.
-Que se cree usted eso. Cuando esté a punto de salir le haremos
otro análisis de sangre y todos los índices peligrosos
habrán bajado. Pero si vuelve a la mala vida, en tres meses va
a estar otra vez al borde del abismo. (...)
...las consignas sanitarias que los pobladores de El Balneario
encuentran en cada cruce de senderos o al acecho sobre una fuentecilla
de agua sulfurosa o a la entrada del gimnasio o de cualquier
otra dependencia de la gran maquinaria de la salud.
- Tu cuerpo te lo agradecerá.
- No te aborrezcas a ti mismo. Cuida tu imagen.
- Dios pone la vida. Tú has de aportar la salud.
- Come para vivir, no vivas para comer.
- Mastica incluso el agua.
- Cada bocado debes masticarlo treinta y tres veces.
- Tu cuerpo es tu mejor amigo.
- La dieta: una moda para alargar la vida.
- Lo que para otros puede ser una comida sana, para ti puede
ser un veneno.
- No hay dietas mágicas, pero tampoco hay píldoras
mágicas.
- Piensa como si estuvieras delgado y actúa como tal.
- Dentro del frigorífico está tu peor enemigo.
- Cuando comer es un vicio, deja de ser un placer.
- La comida excesiva es una droga dura.
Todavía está en uso el restaurado pabellón
de cúpula lucernaria, asilo de viejos reumáticos
lugareños con memoria, que acuden al menos un día
cada año en peregrinación para tomar las aguas,
los barros y perder las pupas del cuerpo y el alma en las bañeras
de azulejos.
...el viejo pabellón conserva clientela ritual, incluso
precios rituales para estos viejos reumáticos locales
que acuden a él como quien a una ceremonia expiatoria.
Apenas se utiliza para los tratamientos de fango de la nueva
clientela de ricos gordos o intoxicados por los malos hábitos
de vida de la modernidad. Alemanes, suizos, franceses, belgas
y también obesos españoles de la zona del dólar
madrileño o del marco catalán.
Recibimiento en un alegre comedor en olor a quesos frescos,
hierbas aromáticas e infusiones de malta o hierbas medicinales.
Días de fruta y arroz integral para empezar a soltar amarras,
a continuación día de purga... sin otro alimento
que una taza de caldo vegetal con perejil al mediodía
y un vaso de zumo de frutas al anochecer. La obligación,
desde luego moral, de beber al menos dos o tres litros de agua
al día.
Omnipresente el agua en formaciones de docenas de botellas
presentes en todos los ámbitos del balneario, como si
su simple presencia fuera el reclamo de su necesidad. Aguas para
orinar mucho y que con los orines se vayan las grasas y otras
toxinas que el cuerpo quema.-Agua, mucha agua. Aproveche cualquier
momento o pretexto para beber agua. Acostúmbrese a relacionar
ansiedades con agua. Si tiene hambre, beba agua. Si se deprime,
beba agua. Si tiene nostalgia, beba agua. Si se trata de deseos
sexuales, beba agua. (...)
Manuel Vázquez Montalbán. El
Balneario. 1986. Ed. Planeta
|