No hacer nada, no pensar en nada

| El coloso de Marusi Pocos meses antes de estallar la guerra decidí tomarme unas largas vacaciones. (...) En Marsella me embarqué para El Pireo. Mi amigo Durrell me esperaba en Atenas para llevarme a Corfú. (...) Eran mis primeras vacaciones verdaderas en veinte años, y estaba dispuesto a que lo fueran de verdad. Todo me parecía perfecto. El tiempo ya no existía; sólo existía yo, llevado por un lento barco, dispuesto a conocer a todos los que se me presentasen, dispuesto a aceptar todo lo que viniera. Saliendo del mar, como si el mismo Homero lo hubiera arreglado para mí, las islas emergían, solitarias, desiertas, misteriosas en la luz mortecina. No podía pedir nada más, ni deseaba nada más. Tenía todo lo que el hombre puede desear, y lo sabía. Sabía también que tal vez nunca tendría un momento igual. Sentía aproximarse la guerra cada día un poco más. Sin embargo, la paz aún duraría algún tiempo y los hombres podrían seguir comportándose como seres humanos. (...) Salía por la mañana en busca de nuevas calas y entradas en donde bañarme. Nunca encontraba alma viviente. Era como Robinson Crusoe en su isla de Tobago. Durante largas horas permanecía tumbado al sol, sin hacer nada, sin pensar en nada. Mantener la mente vacía es una proeza muy saludable. Estar en silencio todo el día, no ver ningún periódico, no oír ninguna radio, no escuchar ningún chisme, abandonarse absoluta y completamente a la pereza, estar absoluta y completamente indiferente al destino del mundo, es la más hermosa medicina que uno puede tomar. Poco a poco se suelta la cultura libresca; los problemas se funden y disuelven; los ligámenes se rompen; el pensamiento, cuando uno se digna a entregarse a él, se hace muy primitivo; el cuerpo se transforma en un nuevo y maravilloso instrumento; se mira a las plantas, a las piedras y a los peces con ojos diferentes; se pregunta uno a qué conducen las luchas frenéticas en que están envueltos los hombres; se sabe que hay guerra, pero no se tiene la menor idea de cuál es la causa o el por qué la gente disfruta matándose los unos a los otros;... Cuando se está de acuerdo consigo mismo, importa poco la bandera que flota sobre nuestra cabeza, o a quien pertenezca esa u otra cosa, o que se hable inglés o monongahela. No hay dicha más singular ni más grande que la ausencia de periódicos, la ausencia de noticias sobre lo que los hombres hacen en diferentes partes del mundo... No necesitamos la verdad tal como nos la sirve la prensa diaria. Lo que necesitamos es paz, soledad y ocio. Si pudiéramos ir todos a la huelga y sinceramente repudiar todo interés por lo que hace nuestro vecino, tal vez lograríamos un nuevo nivel de vida. Aprenderíamos a pasar sin teléfonos, radios y periódicos, sin máquinas de todas clases, sin fábricas, sin factorías, sin minas, sin explosivos, sin acorazados, sin políticos, sin abogados, sin latas de conserva, sin esto y lo otro, incluso sin hojas de afeitar, cigarrillos o dinero. Ya sé que esto es sueño, humo y nada más. La gente sólo va a la huelga para obtener oportunidades mejores para convertirse en otra cosa de lo que es. Lo que el hombre quiere es paz para vivir. La derrota del vecino no da la paz, como la curación del cáncer no trae la salud. La vida para el hombre no comienza con la victoria sobre el enemigo, como tampoco una interminable serie de curas es el comienzo de la salud. La alegría de vivir la da la paz, que no es estática, sino dinámica. Nadie puede vanagloriarse de saber lo que es la alegría hasta que no haya experimentado la paz. Y sin alegría no hay vida, aunque se tengan 12 automóviles, 6 mayordomos, un castillo, una capilla privada y un refugio a prueba de bombas. ...Y respecto a asirse a Dios, Dios hace ya mucho que nos abandonó para que pudiéramos darnos cuenta de la felicidad que da conseguir lo que se desea por el propio esfuerzo. El Coloso de Marusi. Henry Miller. Ed. Seix Barral. |
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—1. Haced una valoración crítica de los argumentos aportados por el texto en favor de la conveniencia de aislarse del mundo y abandonarse completa y absolutamente a la pereza. —2. ¿En qué modo no hacer nada y no pensar en nada puede considerarse una terapia saludable en el mundo actual? —3. ¿En qué lugares puede practicarse esta terapia?
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Henry Miller
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| Miller adopta una postura de enfrentamiento
contra la sociedad en la que vive. Nacido en Nueva York en 1891, muy pronto decidirá que sus sueños no se correspondían a la vida a que estaba tocado a adecuarse. Cruzará el océano decidido a romper con su pasado y convertirse en escritor. Llegará a París con únicamente diez dólares en el bolsillo. Continuos cambios de empleo y una constante lucha por su subsistencia que le llevará a formar parte de la colonia de anónimos bohemios que deambulaban por los barrios artísticos de Montmartre y Montparnasse. A partir de entonces desarrollará una vida llena de dificultades que le alejará completamente de posturas cómodas o cotidianas; huyendo de horarios y sueldos fijos; encontrando la inspiración al mezclarse entre el bullicio de las calles; arrimándose a otros artistas errantes, a sabios villanos, y a delincuentes de poca monta. Miller vivió como invitado durante un año
en la casa que Durrell tenía con su esposa en la isla griega
de Corfú. Vivencias que le sirvieron luego, para escribir El
Coloso de Marusi (1941). |
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