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QUINTO CENTENARIO | UNA JOYA CARTOGRAFICA
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Colón se equivocó; De la Cosa, no
EL ITALIANO buscaba el poder, frente al idealismo de Juan de la Cosa. Éste entregó a los Reyes Católicos el plano que plasmaba la existencia de un nuevo continente.

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Tierra a la vista!», gritaba el marinero Juan Bermejo desde la mesana de la Santa María. Era el amanecer del 12 de octubre de 1492. La expedición colombina divisaba unos hermosos palmerales entre los arrecifes coralinos de la isla de Guanahaní. Las teorías del almirante genovés se demostraban al fin. Había una ruta hacia las Indias por el Oeste, más rápida, tal y como plasmaba la pequeña esfera que le regaló Toscanelli cuando le aseguró que la Tierra tenía que ser redonda.

El Almirante Colón nunca dudó de que aquellas islas eran parte de los archipiélagos que bordean el continente asiático. Pensaba que los nativos eran indios que sufrían el acoso del imperio mongol del Gran Khan. Pero el maestre De la Cosa discrepaba de Colón. (...). El italiano buscaba poder, dominio, comercio exclusivo de oro, perlas y especias. Al español le guiaba un espíritu más idealista, un afán por surcar mares y explorar tierras, sin perder de vista las estrellas. Un espíritu observador que le llevaría a convertirse, en 1500, en el hacedor de una Carta que pasaría a la Historia: el primer mapa en el que aparecía el Nuevo Mundo.

Sin duda, el geógrafo comenzó a tomar notas en aquél primer viaje de 1492. Concedidas las Capitulaciones regias al temerario proyecto de buscar una nueva vía hacia las Indias, Juan de la Cosa aportó de su propio peculio la nave María Galante, bautizada luego como Santa María en honor de la Virgen. Un bajel poderoso, idóneo para navegar por las aguas oceánicas que tan bien conocían los marinos vizcaínos y andaluces que el cántabro alistó en el Puerto de Santa de María y Palos de Moguer.

Como maestre de la nao capitana, Juan (...) cuida de que todo esté en estado de revista, da órdenes, dibuja cartas náuticas. Su actividad es frenética. Cada noche comprueba la ruta astronómica. Vigila los vientos alisios y se cerciora de que el rumbo no abandone la corriente marina que les empuja.
Sabe que los marineros están asustados porque hace semanas que no divisan la costa. Acostumbrados a la navegación de cabotaje, sin que la tierra desaparezca del horizonte, temen perderse en la inmensidad oceánica que se extiende por los cuatro costados. Los ve murmurar y echar miradas huidizas hacia Levante, la patria cada vez más lejana, pero una vez más los tranquiliza.

Ellos no dudan de que micer Juan está seguro de lo que hace, que la navegación de altura es una forma de surcar el mar que no se guía por los cálculos terrestres, sino por la brújula y las estrellas. Todas las mañanas le ven levantar mapas del océano y apuntar la posición de los astros respecto a la estrella polar, para que la singladura no se desvíe de su objetivo. Callan y confían.

Seis años después, en 1498, (...) Cristóbal Colón había vuelto ya de su tercer viaje. La rivalidad entre él y Juan de la Cosa se había hecho tan patente que éste último no le había acompañado. Ya en el segundo viaje había ido sólo como cartógrafo. A finales de octubre de 1500, nada más entregar la Carta que había elaborado a los Reyes Católicos volverá a embarcarse con Alonso de Ojeda.

(...)
El profesor de la Universidad de Cantabria Fernando Silió Cervera,(...) ha escrito un libro esclarecedor sobre esta joya de la cartografía náutica. El investigador describe meticulosamente el mapa: «Mide 1.830 milímees decir casi dos metros por uno. Las tierras aparecen «sobre el lado blanco de dos hojas de pergamino que han sido unidas, dejando el cuello del animal en su lado izquierdo. El dibujo cartográfico, que cubre casi toda la carta, incluye los territorios descubiertos en el continente americano y representa el mundo conocido entonces».
Enmarcado por la península de Escandinavia al norte, el archipiélago caribeño al oeste, y el Cabo de Buena Esperanza al sur, el planisferio omite la parte de Asia más allá del río Ganges y sólo llega la península de Malasia. Tampoco aparece la costa sur atlántica de América, ni las riberas del Pacífico aún por descubrir. Está perfectamente documentado, pues la leyenda que está junto a la imagen de San Cristóbal en el lado izquierdo dice textualmente que «Juan de la Cosa la fizo en El Puerto de Santa María en anno de 1500».

IGNACIO MERINO. EL MUNDO - Domingo, 22 de octubre de 2000 - Número 262