El copiloto silencioso (...)Se venía en auto de Mendoza a Buenos Aires, cruzaba Córdoba en plena noche y de golpe se quedaba sin nafta o sin agua para el radiador en mitad de la carretera... -Era una noche muy oscura en un lugar completamente desierto, y no se podía hacer otra cosa que esperar el paso de algún auto que nos sacara de apuros. (...) A eso de la una vimos venir un coche que bajaba hacia Buenos Aires, y yo me puse a hacer señas con la linterna en mitad de la carretera. «Esas cosas no se entienden ni se verifican en el momento, pero antes de que el auto se detuviera sentí que el conductor no quería parar, que en ese auto que llegaba a toda máquina había como un deseo de seguir de largo aunque me hubiesen visto tirado en el camino con la cabeza rota". Tuve que hacerme a un lado a último momento porque la mala voluntad de la frenada se lo llevó cuarenta metros más adelante; corrí para alcanzarlo, y me acerqué a la ventanilla del lado del volante. Había apagado la linterna porque el reflejo del tablero de dirección bastaba para recortar la cara de hombre que manejaba. Rápidamente le expliqué lo que pasaba y le pedí auxilio, y mientras lo hacia se me apretaba el estómago, porque la verdad es que ya al acercarme a ese auto había empezado a sentir miedo, un miedo sin razón puesto que el más inquieto debía ser el automovilista en esa oscuridad y en ese lugar. Mientras le explicaba la cosa miraba dentro del auto, atrás no viajaba nadie, pero en el otro asiento delantero había algo sentado. Te digo algo por falta de mejor palabra y porque todo empezó y acabó con tal rapidez, que lo único verdaderamente definido era un miedo como no había sentido nunca. Te juro que cuando el conductor aceleró brutalmente el motor mientras decía: «No tenemos nafta», y arrancaba al mismo tiempo, me sentí como aliviado. (...) (...) (...) Como yo me he traído conmigo treinta y ocho años de recuerdos argentinos bien apilados, la historia de Aldo hizo click en alguna parte y la IBM se agitó un momento y al final sacó una ficha con la hipótesis, quizá con la explicación. (...) -Lo que iba esa noche al lado del conductor era un muerto -le dije-. Curioso que nunca hubieras oído hablar de la industria del transporte de cadáveres en los años treinta y cuatro, en especial tuberculosos que morían en los sanatorios de Córdoba y que la familia quería enterrar en Buenos Aires. Una cuestión de derechos federales o algo por el estilo volvía carísimo el traslado del cadáver; así nació la idea de maquillar un poco al muerto, sentarlo junto al conductor de un auto, y hacer la etapa de Córdoba a Buenos Aires en plena noche para llegar antes del alba a la capital. (...) Julio Cortazar. Un tal Lucas. |