Canto I
1. Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio
que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando
larguísimo tiempo, vio las poblaciones y conoció las costumbres
de muchos hombres y padeció en su ánimo gran número
de trabajos en su navegación por el ponto, en cuanto procuraba
salvar su vida y la vuelta de sus compañeros a la patria. Mas
ni aun así pudo librarlos, como deseaba, y todos perecieron por
sus propias locuras. ¡Insensatos! Comiéronse las vacas
de Helios, hijo de Hiperión; el cual no permitió que les
llegara el día del regreso. ¡Oh diosa, hija de Zeus!, cuéntanos
aunque no sea más que una parte de tales cosas.
11. Ya en aquel tiempo los que habían podido escapar de una
muerte horrorosa estaban en sus hogares, salvos de los peligros de la
guerra y del mar; y solamente Odiseo, que tan gran necesidad sentía
de restituirse a su patria y ver a su consorte, hallábase detenido
en hueca gruta por Calipso, la ninfa veneranda, la divina entre las
deidades, que anhelaba tomarlo por esposo.
16. Con el transcurso de los años llegó por fin la época
en que los dioses habían decretado que volviese a su patria,
a, aunque no por eso debía poner fin a sus trabajos, ni siquiera
después de juntarse con los suyos. Y todos los dioses le compadecían,
a excepción de Poseidón, que permaneció constantemente
irritado contra el divinal Odiseo hasta que el héroe no arribó
a su tierra.
44. Respondióle Atenea, la deidad de ojos de lechuza:
—¡Padre nuestro, cronida, el más excelso de los que
imperan! (...) se me parte el corazón a causa del prudente y
desgraciado Odiseo, que, mucho tiempo ha, padece penas lejos de los
suyos, en una isla azotada por las olas, en el centro del mar; isla
poblada de árboles, en la cual tiene su mansión una diosa,
la hija del terrible Atlante de aquel que conoce todas las profundidades
del ponto y sostiene las grandes columnas que separan la tierra y el
cielo. La hija de este dios retiene al infortunado y afligido Odiseo,
no cejando en su propósito de embelesarlo con tiernas y seductoras
palabras para que olvide a Itaca; mas Odiseo, que está deseoso
de ver el humo de su país natal, ya de morir siente anhelos,
¿Y a ti, Zeus Olímpico? ¿No se te conmueve el corazón?
¿No te era grato Odiseo cuando sacrificaba junto a las naves
de los? ¿Por que así te has airado contra él, Zeus?
63. Contestóle Zeus, que amontona las nubes:
—¡Hija mía! ¡Qué palabras se te escaparon
del cerco de los dientes? ¿ Cómo quieres que ponga en
olvido al divinal Odiseo, que por su inteligencia se señala sobre
los demás mortales y siempre ofreció muchos sacrificios
a los inmortales dioses que poseen el anchuroso cielo? Pero Poseidón,
que ciñe la tierra, le guarda vivo y constante rencor porque
cegó al ciclope, al deiforme Polifemo; que es el más fuerte
de todos los ciclopes y nació de la ninfa Toosa, hija de Forcis,
que impera en el mar estéril, después que esta se unió
con Poseidón en honda cueva. Desde entonces Poseidón,
que sacude la tierra, si bien no intenta matar a Odiseo, hace que vaya
errante lejos de su patria. Mas ¡ea! tratemos todos nosotros de
la vuelta del mismo y del modo como haya de llegar a su patria; y Poseidón
depondrá la cólera, que no le fuera posible contender,
solo y contra la voluntad de los dioses, con los inmortales todos.
Homero. La Odisea. Canto I
La
Odisea
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