Miguel Strogoff. Julio Verne

-¿Así que, desde ayer, estamos incomunicados con mi hermano, el Gran Duque? -dijo el oficial, después de atraer al general Kissoff junto a una ventana.
-Incomunicados, señor; y es de temer que los despachos no puedan atravesar la frontera siberiana.

La Rusia asiática, o Siberia, cubre una superficie de quinientas sesenta mil leguas, pobladas por unos dos millones de habitantes. Se extiende desde los Urales, que la separan de la Rusia europea, hasta la costa del Pacífico. Limita al sur con el Turquestán y el Imperio chino, a través de una frontera bastante indefinida, y en el norte limita con el océano Glacial, desde el mar de Kara hasta el estrecho de Behring. Está formada por los gobiernos o provincias de Tobolsk, Yeniseisk, Irkutsk, Omsk y Yakutsk; comprende los distritos de Okotsk y Kamtschatka y posee también los países kirguises y chutches, cuyos pueblos están también sometidos en la actualidad a la dominación moscovita.

Esta inmensa extensión de estepas, que comprende más de ciento diez grados de oeste a este, es, a la vez, una tierra de deportación de criminales y de exilio para aquellos que han sido condenados a la expulsión. La autoridad suprema de los zares está representada en este inmenso país por dos gobernadores generales. Uno reside en Irkutsk, capital de la Siberia oriental. El otro en Tobolsk, capital de la Siberia occidental. El río Tchuna, afluente del Yenisei, separa ambas Siberias.

Ningún ferrocarril surca todavía estas planicies, algunas de las cuales son verdaderamente fértiles, ni facilita la explotación de los yacimientos de minerales preciosos que convierten a esas inmensas extensiones siberianas en más ricas por su subsuelo que por su superficie. Se viaja en diligencias o en carros durante el verano, y en trineo durante el invierno.

Un solo sistema de comunicaciones, el telegráfico, une los límites este y oeste de Siberia, a través de un cable que mide más de ocho mil verstas de longitud (8.536 kilómetros). Más allá de los Urales pasa por Ekaterinburgo, Kassimow, Ichim, Tiumen, Omsk, Elamsk, KoliVan, Tomsk, Krasnoiarsk, Nijni-Udinsk, Irkutsk, Verkne-Nertschink, Strelink, Albacine, Blagowstensk, Radde, Orlomskaya, Alexandrowskoe y Nikolaevsk. Cada palabra transmitida de uno a otro extremo del cable vale seis rublos y diecinueve kopeks. De Irkutsk parte un ramal de línea que va hasta Kiatka, en la frontera mongol y, desde allí, a treinta kopeks por palabra, se transmiten telegramas a Pekín en catorce días.

Ha sido esta línea, tendida entre Ekaterinburgo y Nikolaevsk, la que acaba de ser cortada, primeramente más allá de Tomsk y, algunas horas después, entre Tomsk y Kolivan. Por eso el Zar, al escuchar al general Kissoff cuando se presentó a él por segunda vez, sólo dio por respuesta una orden: «Un correo rápido.»

Únicamente un correo podría reemplazar a la corriente eléctrica, pero ese hombre necesitaba tiempo para franquear las cinco mil doscientas verstas (5.523 kilómetros) que separan Moscú de Irkutsk. Para atravesar las filas de los sublevados e invasores, necesitaba desplegar una inteligencia y un coraje sobrehumanos. Pero con esas cualidades se va lejos.

«¿ Encontraré tanta inteligencia y tal corazón? », se preguntaba el Zar.
Poco después se abrió el gabinete imperial y un ujier anunció al general Kissoff.
-¿Y el correo? -le preguntó con impaciencia el Zar.
-Está ahí, señor -respondió el general Kissoff
-¿Has encontrado ya al hombre que necesitamos?
-Respondo de él ante Vuestra Majestad.
-¿Estaba de servicio en Palacio?
-Sí, señor.
-¿Lo conoces?
-Personalmente. Varias veces ha desempeñado con éxito misiones difíciles.
-¿En el extranjero?
-En la misma Siberia.
-¿De dónde es?
-De Omsk. Es siberiano.
-¿Tiene sangre fría, inteligencia, coraje ... ?
-Sí, señor. Tiene todo lo necesario para triunfar allí donde otros fracasarían.
-¿Su edad?
-Treinta años.
-¿Es fuerte?
-Puede soportar hasta los extremos límites del frío, hambre, sed y fatiga.
-¿Tiene un cuerpo de hierro?
-Sí, señor.
-¿Y su corazón?
-De oro, señor.
-¿ Cómo se llama?
-Miguel Strogoff.