El deporte ha marcado
el siglo
JUAN ANTONIO SAMARANCH
Presidente del Comité Olímpico Internacional
En estos últimos días del postrero mes del año
que cerrará el siglo, vale recordar los hechos que han marcado
los últimos 100 años. El siglo XX ha sido pródigo
en acontecimientos bélicos, pero sensacionales descubrimientos
científicos, prodigiosos avances sociales, saludables mejoras
higiénicas, increíbles creaciones tecnológicas y
demás hechos relevantes han conmocionado, revolucionándola,
nuestra sociedad, y es necesario contemplar el trascendental
papel que el deporte ha tenido en las cinco generaciones que han
perfilado el rostro del siglo que estamos enterrando.
No quiero referirme a los avances y beneficios que las competiciones
y campeonatos han proporcionado al hombre de nuestros días –y
singularmente a la mujer actual–, ya que ello es objeto de estadísticas
y de estudios médicos.
Lo que el deporte ha aportado a nuestra sociedad
es un concepto nuevo en la educación de la juventud, un modelo
distinto de convivencia en el mundo moderno, un sorprendente acercamiento
entre los distintos pueblos y razas que forman el universo de nuestros
días. Una llave para la paz. Las muestras de esta aportación
a la paz y a la convivencia que se han logrado gracias al deporte,
y en forma más evidente y concreta merced al olimpismo, son
las 27 ediciones que se han celebrado de los Juegos Olímpicos.
La gran aventura olímpica comenzó el año 1894
en el suntuoso marco de la Sorbona de París. Pero, físicamente,
su puesta en marcha fue en el año 1896 en el legendario estadio
ateniense de Panathinaicos, con la participación de 13 países
por medio de 300 atletas, que solamente compitieron en nueve deportes.
Hace tres meses, terminaron en Sydney los Juegos de la 27ª Olimpiada,
en los que participaron 199 países, todos los del mundo, habiéndose
limitado el número de atletas a 11.116.
Esta progresión realmente extraordinaria y la unanimidad con
que todos los países del mundo aceptan las reglas deportivas,
permiten calificar al siglo XX como “el siglo del deporte”.
No solamente por la gran cita mundial que cada cuatro años reúne
a todos los países sin ninguna discriminación racial, económica,
religiosa o política, sino porque aquel calificativo para este
siglo que estamos finalizando viene confirmado por el
espíritu pacificador, pero vivo y alegre, que el deporte ha logrado
imponer a nuestra juventud en todos los países, y que esas generaciones
han aceptado como un logro más del mundo moderno.
Nuestra sociedad ha aceptado unánimemente este hecho. La demostración
de ello la tenemos en muchas vertientes. La más evidente nos la
dan los medios de comunicación. En los primeros Juegos Olímpicos
de la era moderna (Atenas, 1896), solamente se acreditaron 12 periodistas.
En Sydney 2000, se limitó a 19.596 comentaristas e informadores.
(...)
Cuando los Juegos Olímpicos se celebraron en Roma el año
1960, el Comité Olímpico Internacional comprendió que
la televisión, además de su extraordinario poder mediático,
al mismo tiempo podía significar una ayuda capital para solucionar
los problemas financieros, no solamente del olimpismo sino también
del deporte en general.
La cobertura mediática de Sydney fue la más amplia jamás
desplegada. Se difundieron en directo más de 3.400 horas de competición,
utilizando más de 900 cámaras, que retransmitieron a 190
organizaciones de radio y televisión. La atención en todo
nuestro planeta alcanzó una audiencia superior a los 4 billones
de personas y una audiencia acumulada mundial de más de 30 billones.
La fría elocuencia de estas cifras, realmente inesperadas en
nuestra sociedad actual, no refleja debidamente el impacto moral, psíquico
y educativo del deporte durante el siglo que finalizamos. Pero de lo
que no cabe la menor duda es de la enorme y decisiva
influencia social que el deporte tiene, y seguirá teniendo, en
la convivencia de nuestro vivo y espléndido mundo, que hemos tenido
la fortuna de vivir.
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