| PACO
Paco es un hombre bueno. Naturalmente bueno y honrado, e íntegro.
Lástima que no todos sean como él.
Paco es siempre puntual en su trabajo. Bueno.... casi siempre. Algunos
lunes se pone enfermo. Sus compañeros le creen, porque Paco es
un hombre bueno.
"Documentos TV": un programa sobre los negros. Paco está
interesado por el tema: Paco se interesa por los problemas de los demás.
Su indignación va en aumento. ¡Qué atrocidades se
cometen contra los negros, en nombre de la civilización blanca!
Al día siguiente, Paco firma una carta contra el apartheid. ¡Qué
nobles sentimientos los de Paco!
De repente, el teléfono. Su cuñado ha tenido un accidente.
Paco toma su coche para llegar pronto al hospital. En vano; la salida
del garaje se encuentra taponada: una furgoneta se halla descargando.
-Apártese, que tengo prisa.
-No se impaciente, hombre.
-Tengo mucha prisa. Apártese o llamo a la grúa.
-En seguida terminamos, hombre.
La guardia municipal. Multa y todo lo demás.
-¡Malaleche, cabrón!
Paco no replicó. Paco cree que las normas están para cumplirlas,
y son normas para todos. Un pensamiento ecuánime, el de Paco.
De regreso del trabajo, Paco entra a comprar tabaco. Deja el coche donde
puede. ¡Cómo está la circulación! Ruido de
claxon.
-¡Apártese, hombre, que molesta!
-¡Un poco de paciencia, que ya voy!
-Apártese, o llamo a la grúa.
Paco escucha la amenaza. A Paco le duele. Él es un hombre comprensivo
con los otros, y le duele que los otros no sean comprensivos con él.
A las siete, Paco tiene cita con el director del colegio del chaval.
Son las 7.30 cuando el director le recibe.
-¿Sabe Vd. qué hora es?
-Sí, las siete y media.
-¿Cree Vd. que tengo el tiempo para perderlo?
-Discúlpeme, no he podido...
-No valen disculpas. ¿Qué seriedad enseñan Vds.
a los alumnos, si Vds. mismos son los primeros que no cumplen?
Quizá exagera un poco, pero Paco tiene razón. Hay que
predicar con el ejemplo, incluso en los pequeños detalles. No
se puede educar sólo de boquilla.
Paco preside la comunidad de vecinos de su casa. Una familia gitana
va a vivir en el ático. Se consulta a la comunidad.
-¿Qué sabemos de ellos? Pueden ser unos ladrones.
-No estamos seguros.
-En todo caso, seguro que son unos guarros, y nos van a dejar la escalera
y el ascensor hechos una porquería.
-Pueden ser un peligro.
Como presidente, Paco ha de velar por la seguridad de los vecinos. Paco
siempre piensa en los demás. Además, Paco es un demócrata.
-No podemos admitir un peligro en nuestra casa.
Paco es un hombre justo, y es amante de la paz.
Un día, en la calle, alguien le pide dinero. Paco no lo duda:
ese hombre, de aspecto harapiento... sin duda tiene hambre. Paco le
da un poco de dinero. Un corazón generoso, el de Paco.
El chaval de Paco no va bien en los estudios. Las matemáticas
las tiene atragantadas. Paco le ayuda. El muchacho ha de recuperar:
para ello, tiene un montón de deberes en casa. Está francamente
aturdido. Paco, que por algo es ingeniero, le hace los deberes al chaval.
Finalmente, el muchacho salva el curso. No todos los padres se desviven
por sus hijos como Paco.
Correos cierra a la una. Son la una y cinco cuando llega Paco.
-Está cerrado.
-Ya sé, pero es muy urgente.
-Lo siento: es la hora.
-¡Pero si Vd. no tiene que irse todavía! ¿Qué
le cuesta atenderme?
-Está cerrado para el público y, además, acabo
de decirle también que no a otro señor.
-Mire: esta propina es para Vd.
Paco sabe que un favor no cuesta nada. Él los hace a veces. ¿Por
qué tienen que ser tan intransigentes los empleados de Correos?
Además, Paco sabe corresponder.
De nuevo un pedigüeño, persona joven, de buen aspecto. Paco
piensa: un drogata, seguro. Ni un duro para él. Paco es un hombre
íntegro. Sabe medir las consecuencias de sus actos. Lástima
que haya tan pocos hombres como Paco.
Paco sabe lo que está bien y lo que está mal. Paco, evidentemente,
es un hombre bueno. |
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A CADA CUAL LO SUYO
Nemolloc era un bonito lugar: un regalo de la naturaleza. En Nemolloc,
la gente era feliz. Trabajaba en lo que le gustaba y, sobre todo, disfrutaba.
En Nemolloc, la gente gozaba de la vida, porque en Nemolloc había
riqueza y había paz. Y algo muy importante: en Nemolloc había
verdadera justicia. En Nemolloc estaba muy claro lo que era justicia.
Justicia, como todo el mundo sabe, es dar a cada uno lo suyo. Todo el
mundo en Nemolloc sabía eso, y todo el mundo, en Nemolloc, deseaba
una justicia lo más ajustada posible.
Y trabajaba por ello. Para ajustar la justicia, cada club, cada escuela,
cada asociación en Nemolloc tenía su tribunal de ajustes,
más conocido como "El gran ajustado". Todo el mundo,
en Nemolloc, se ocupaba de tener justas sus cuentas.
Pepito había tenido mala suerte aquel día.
Aquel día era 7 y jueves, y la verdad es que un 7 y jueves no
es un día especialmente indicado para tener mala suerte. Pero
aquel día, Pepito la tuvo. Había dormido mal. Ese día
tenía examen, y Pepito llegó a la escuela tarde y con
dolor de cabeza. No se enteró muy bien de lo que estaba ocurriendo,
hasta que al día siguiente supo su calificación: muy deficiente.
¡Qué berrinche agarró el pobre
Pepito! No le habían dado la menor oportunidad. ¡Tener
este resultado, tan cerca de final de curso! Pepito se puso a llorar
de rabia. Al salir de clase, se fue corriendo al servicio. Entró
y cerró de un portazo. Al salir, la puerta no se abría.
Un fuerte puntapié, y la puerta cedió. Al menos, Pepito
pudo descargar su rabia.
Las puertas no tienen la obligación de soportar
los golpes, ni siquiera los de Pepito. Las puertas también tienen
sus derechos: están para proteger, pero ellas mismas son seres
desprotegidos. Si sus derechos se vulneran, las puertas sufren. Con
el golpe de Pepito, aquella puerta se astilló, y se quedó
muy triste. El reglamento escolar de Nemolloc es tajante: las cosas
que están al servicio de todos, deben ser cuidadas y respetadas.
No debe ejercerse violencia contra el bien común. Evidentemente,
Pepito había olvidado que algunas cosas están al servicio
de todos. Pepito había infringido el reglamento.
La intervención de "El gran ajustador" no se hizo esperar.
Su entrada en escena no fue especialmente solemne. Había que
ajustar las cuentas a Pepito y castigar su trasgresión. Con sencillez,
pero con eficacia.
-¿De qué se acusa a Pepito?
-De romper una puerta de servicio. ¿Era de Pepito
el servicio?
-No.
-¿Era de Pepito la puerta? No.
-Así, pues, ¿Pepito ha roto la puerta de
un servicio que no era el suyo? Exactamente.
La luz se ha hecho y la sentencia es clara: a cada cual
lo suyo. Pepito debe sufrir el mismo mal que ha hecho. Esto es lo que
ordeno: rómpase la puerta del servicio de Pepito. Así
se habrá producido el ajuste de cuentas y volverá a reinar
la justicia. A cada cual, lo suyo.
Sonó el timbre de la casa de Pepito.
-¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!
-¿Quién es? -El gran ajustador.
En efecto, allí estaba aquel ser, de aspecto
poderoso, con el rostro oculto y la herramienta de justicia entre las
manos.
No mediaron más palabras. A los pocos segundos,
la puerta del cuarto de baño de la casa de Pepito había
quedado destrozada.
El ajuste de cuentas se había producido. Una
vez más, la justicia había triunfado. |
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La afirmación humana
(Anna Frank)
En torno el crimen absoluto. Vulgo,
el vulgo más feroz,
en un delirio de vulgaridad
que llega a ser demente,
se embriaga con sangre,
la sangre de Jesús.
Y cubre a los osarios
una vergüenza universal: a todos,
a todos nos sonroja.
¿Quién, tan extenso el crimen,
no sería culpable?
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La noche sufre de inocencia oculta.
Y esa noche tú, por ti alborada,
a un cielo con sus pájaros tan próxima,
a pesar del terror y del ahogo,
sin libertad ni anchura,
amas, inventas, creces
en ámbito de pánico,
que detener no logra tus esfuerzos
tan enérgicamente diminutos
de afirmación humana:
Con tu pueblo tu espíritu
-Y el porvenir de todos.
JORGE GUILLÉN.
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Nadie está solo
En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan sólo por amar
la libertad.
Ignoro
dónde vive, qué lengua
habla, de qué color
tiene la piel, cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos leen
mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto
de animal acosado,
mientras muerde sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?
Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio.
¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?
Nadie está solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a ti y a mí
nos tienen maniatados
JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO
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Masa
Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: "No mueras, te amo tanto!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
"No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: "Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: "¡Quédate hermano!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar.
CÉSAR VALLEJO
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UN HOMBRE PASA CON UN PAN AL HOMBRO
Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?
Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?
Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?
Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?
Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?
Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después, del infinito?
Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo y la metáfora?
Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?
Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?
Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?
Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?
Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?
Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yo sin dar un grito?
CÉSAR VALLEJO
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PORQUE NOSOTROS...
Me doy cuenta de que vamos a morir,
porque nosotros... no dominamos la técnica del combate,
porque nos hemos vuelto Quijotes,
porque... nos morimos de hambre.
Nuestros amigos... tras las fronteras,
contemplan un grano de su trigo,
una gota de su aceite... y preguntan:
¿Cómo estará nuestra casa abandonada?
¿Cómo estará la tierra?... ¿La reconoceremos
al volver?
¡Ay de nosotros!...
Pedazos de un pueblo refugiado, perseguido.
¡Ay de nosotros,
de nuestra vida de esclavos!
¿Volveremos? ¿Volveremos?
SAMIH AL-QASIM
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PRIMERO COGIERON...
Primero cogieron a los comunistas,
y yo no dije nada por que yo no era un comunista.
Luego se llevaron a los judíos,
y no dije nada porque yo no era un judío.
Luego vinieron por los obreros,
y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista.
Luego se metieron con los católicos,
y no dije nada porque yo era protestante.
Y cuando finalmente vinieron por mí,
no quedaba nadie para protestar.
BERTOLT BRECHT
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MI CHICO NO ERA MALO...
Mi chico no era malo,
dice.
Tenía muchas novias,
claro.
Tocaba la guitarra
y algo
le bailaba en los dedos, malo.
Yo no digo que no fuera
raro,
pero explíqueme, Señor,
por qué lo fusilaron.
GABRIEL CELAYA
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FUSILAMIENTO
Van a fusilar
a un hombre que tiene los brazos atados;
hay cuatro soldados
para disparar.
Son cuatro soldados
callados,
que están amarrados,
lo mismo que el hombre amarrado que van a matar.
-¿Puedes escapar?
-¡No puedo correr!
-¡Ya van a tirar!
-¡Qué vamos a hacer!
-Quizá los rifles no están cargados...
-¡Seis balan tienen de fiero plomo!
-¡Quizá no tiren esos soldados!
-¡Eres un tonto de tomo y lomo!
Tiraron.
(¿Cómo fue que pudieron tirar?)
Mataron.
(¿Cómo fue que pudieron matar?)
Eran cuatro soldados
callados,
y les hizo una seña, bajando un sable, un señor oficial;
eran cuatro soldados
atados,
lo mismo que el hombre que fueron los cuatro a matar.
NICOLÁS GUILLÉN
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HOMBRE PLANETARIO
XIX
Vendrá un día más puro que los otros:
estallará la paz sobre la tierra
como un sol de cristal. Un fulgor nuevo
envolverá las cosas.
Los hombres cantarán en los caminos,
libres ya de la muerte solapada.
El trigo crecerá sobre los restos
de la armas destruidas
y nadie verterá
la sangre de su hermano.
El mundo será entonces de las fuentes
y las espigas, que impondrán su imperio
de abundancia y frescura sin fronteras.
Los ancianos tan sólo, en el domingo
de su vida apacible,
esperarán la muerte,
la muerte natural, fin de jornada,
paisaje más hermoso que el poniente.
JORGE CARRERA ANDRADE
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AGOSTO DE 1945
El día en que Hiroshima y Nagasaky ardían
yo veía feliz a medio mundo,
por que los aliados habían vencido
y al fin se terminaba la guerra,
y terminarían todas las guerras.
Yo pensaba en la Bomba como en un gran fuego de artificio en la plaza
de Año Nuevo,
y mientras aceras de asfalto derretido
arrastraban a miles de seres,
yo miraba jugar al escondite a niñas vecinas
y esperaba que me llamaran a sentarme a la mesa.
Los girasoles relucían
y caracoles despreocupados trazaban sus senderos plateados en el jardín,
mientras en la tierra del sol naciente
monstruosas plantas retorcidas crecían
y nacían larvas sin nombre.
Aquí hermosas muchachas peinaban largas trenzas,
mientras allá millares de mujeres quedaban sin cabello.
Caía el telón sobre otro día
y yo miraba ávidamente al mundo
cerrado para siempre a los ojos de tantos niños.
Aún no se usaba la palabra radioactividad.
Y yo a los diez años sabía que todo estaba bien:
era el fin de la guerra y triunfaban los buenos.
Todo el mundo estaba feliz y se preparaba el desfile de la Victoria,
cuando al otro lado de nuestro otoño
Hiroshima y Nagasaki ardían.
JORGE TEILLIER
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NIÑA CAÍDA EN GUATEMALA
(19 de junio de 1954)
Te eligieron los dioses.
Quisieron que tu muerte señalase
la irrupción de la sangre y el sollozo.
Niña caída, tu inocencia rota,
rota tu frente de candor y pájaros
al iniciar su palidez el día.
Así como tu gloria ¿será eterna
tu leve voz que enmudeció de pronto
esa monstruosa, intempestiva furia?
¿Verás tu triunfo? ¿La invasión del óxido
sobre las hoscas armas que te hirieron?
Nada nos dice que tu voz perdure,
ni tu mirada en albas detenida.
Caída bajo un golpe de metrallas.
Tu cuerpo en una calle, enterneciéndola.
Nada sabías, ni sabrás, criatura,
del hombre oscuro que en su sueño alienta
la sumisión de seres fraternales.
Nada sabrás del hombre
que codicioso cuenta sus dineros
mientras lo ciñen ríos que enrojecen.
Pero algún día de futuros tiempos
verás que se alzan manos celebrantes
--lágrima en flor del hombre redimido--
a tu memoria de inocente víctima.
Recordaran tu nombre perforado
del cual brotará la primer vertiente.
ANTONIO REQUENI
|
| Por qué cantamos
Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo es una cueva de ladrones
los aires ya no son tan buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil
Usted preguntará por qué cantamos
Si estamos lejos como un horizonte
si allá quedaron árboles y cielo
si cada noche es siempre alguna ausencia
y cada despertar un desencuentro
Usted preguntará por qué cantamos
Cantamos porque el río está sonando
y cuando suena el río suena el río
cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino
Cantamos porque el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos
Cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos dejar
que la canción se haga ceniza.
Mario Benedetti
|
|
Eres
Eres siempre un huésped que no está seguro de haber sido
invitado, un inquilino que teme que lo expulsen, un extranjero al que
le falta algún papel para regularizar su situación, un
niño gordito y apocado entre los fuertes y los brutos del patio
de la escuela, el lento de los pies planos entre los soldados del cuartel,
el afeminado y retraído entre los agresivamente machos, el alumno
modelo que se muere por dentro de soledad y vergüenza y quisiera
ser uno de esos réprobos de la clase que se burlan de él,
el padre de familia embalsamado de tedio y rencor conyugal que mira
de soslayo a las mujeres mientras pasea del brazo de la suya un domingo
por la tarde, por una calle de su ciudad de provincia, el empleado interino
que no acaba de lograr un contrato fijo, el negro o el marroquí
que salta a una playa de Cádiz desde una barca clandestina y
se interna de noche en un país desconocido, empapado, muerto
de frío, huyendo de los faros y las linternas de los guardias
civiles (...)
Antonio Muñoz Molina |