Los problemas de la humanidad
La gravedad del problema sube vertiginosamente de punto como consecuencia de la acción combinada de dos factores: el crecimiento demográfico y el aumento desaforado del consumo individual. El hecho de que tal consumo, además, comporte el bloqueo de grandes cantidades de productos (plásticos indestructibles, substancias no reciclables, etc.), acaba de complicar las cosas. En la base de todo encontramos un problema de obtención de energía (mucha y para muchos) que las fuentes tradicionales pronto dejarán de poder suministrar y que otras nuevas (fusión o fisión nuclear, por ejemplo) no proporcionarán sin problemas subsidiarios muy considerables (radioactividad, contaminación térmica). No parece viable el crecimiento demográfico ilimitado; a despecho de posiciones previas de naturaleza más o menos metafísica, el control se establecerá, a la corta o a la larga, gracias a juiciosas medidas de restricción de natalidad o gracias a descalabros ecológicos. En el campo de la moderación en el uso de los recursos energéticos, parece claro que los sistemas económicos basados en el consumo progresivo e ilimitado de productos (producir para poder seguir produciendo, no producir únicamente para satisfacer necesidades reales) han de ser calificados como ecológicamente suicidas y, por lo tanto, arrinconados. Cabe notar que tanto este último punto como la cuestión demográfica exigen -porque lo exigen, no se olvide- cambios ideológicos importantes de amplios sectores de la humanidad. En una escala más concreta, diríamos en una escala de administración local o de estado, se plantea la cuestión de la ordenación del territorio. No es necesario recordar que una ordenación racional comporta la solución previa de los grandes problemas acabados de apuntar, pero en tanto no se resuelven no podemos renunciar a una ordenación, aunque resulte parcial y precaria, del medio físico concreto que nos rodea. Tal ordenación exige una delimitación, basada en criterios de conveniencia ecológica, de los espacios marginales, de las áreas agrícolas y de los espacios urbanizables; exige una regulación del uso de los espacios marginales y de las prácticas agrícolas; exige un control de la eliminación de residuos y de la contaminación de las aguas y de la atmósfera; exige la delimitación de áreas de parque y de reserva, con grados diferentes de preservación según los casos, etc. Y, finalmente, a una escala individual, se plantea la cuestión de la asunción personal de toda esta problemática. Una asunción personal que se traduzca en un código propio de conducta que evite la pequeña, pero sumable, degradación de la naturaleza que cada uno de nosotros puede llegar directamente a consumar y, en otro orden de cosas, en una actitud cívica ante la cuestión que favorezca el advenimiento de los cambios colectivos que han de hacer posible el planteo de las cosas en los términos deseables. Ramón Folch. Sobre ecologismo y ecología aplicada. 1977
|
|
—1. Leed detenidamente el texto "Los problemas de la humanidad"
—2. Redactad una valoración crítica de la última frase del texto " a una escala individual, se plantea la cuestión de la asunción personal de toda esta problemática. Una asunción personal que se traduzca en ...." |