La Tasa Tobin

Los grupos antiglobalización son variopintos y heterogéneos. Representan a colectividades dispares entre los que hay ecologistas europeos, pastores de cabras franceses (liderados por el convicto José Bové), sindicalistas del automóvil de Detroit, estudiantes y profesores españoles, intelectuales de izquierda de todo el mundo, agricultores, evocadores melancólicos del mayo del 68, productores de leche, niños bien en busca del sentido de la vida, fumadores festivos de marihuana, proteccionistas de la extrema derecha norteamericana (con el inefable Pat Buchanan al frente), okupas, defensores de la condonación de la deuda, críticos del pensamiento único cuyo único pensamiento es la crítica del pensamiento único, cantantes altruistas, entidades folclóricas variadas y autoproclamados defensores únicos de los países pobres.

De hecho, son tan dispares y defienden unos intereses tan discordantes que es casi imposible que se pongan de acuerdo en alguna propuesta constructiva. Quizá por eso son más conocidos por sus críticas que por sus ideas alternativas prácticas: ¡cualquier propuesta concreta no haría más que alienar a una parte del movimiento y la necesidad de mantenerse unidos les impide hacerlas!

La única propuesta concreta y que parece haberse hecho desde la globofobia es la introducción de un impuesto que grave las transacciones financieras y los movimientos especulativos internacionales: la tasa Tobin.

James Tobin propuso el impuesto en 1971 con el objetivo de hacer que las transacciones financieras internacionales fueran menos beneficiosas y se redujera la especulación financiera. Esta idea fue rechazada inicialmente por impracticable.

En teoría, la tasa Tobin solamente debe gravar los movimientos de capitales especulativos de corto plazo y no los capitales 'productivos' o inversiones de largo plazo.

En la práctica, los gurús financieros del mundo saben transformar los unos en los otros, por lo que a todos los especuladores les resultará sencillo evadir el impuesto que, por ende, resulta altamente ineficaz. De hecho, les será tan sencillo como a las redes internacionales de terroristas que pueden trasladar dinero de un lugar a otro sin que las autoridades de ningún país se den cuenta siquiera.

Al no poder distinguir entre especulativos y productivos, los defensores de la tasa Tobin acabarán pidiendo impuestos para todos los capitales. Eso reducirá sensiblemente la inversión extranjera y eso será especialmente dañino para los países del Tercer Mundo que tienen como uno de sus principales problemas la falta crónica de inversión.

Otro inconveniente de la tasa Tobin es que para ser viable tiene que ser adoptada por todos los países del mundo sin excepción:

Si los especuladores pueden comprar divisas en Sabadell pagando la tasa Tobin, o en el Atolón de la Vaca sin pagarla, ¿dónde creen que se va a realizar la operación? La respuesta es, lógicamente, en el Atolón de la Vaca.

Es más, mientras haya un solo paraíso fiscal en el planeta, la mayor parte de transacciones financieras internacionales van a realizarse en él, por lo que la tasa Tobin es inviable. De hecho, solamente acabarán pagándola los turistas de rentas bajas que no se ganan la vida evadiendo impuestos.

Teniendo en cuenta que la incompetencia del gobierno a la hora de recaudar impuestos genera desigualdades de renta profundamente injustas, la incapacidad de recaudar la tasa Tobin no hará más que crear más desigualdades.

Xavier Sala i Martín. Ecomomía liberal para no economistas y no liberales.