| Entrevista a Jeremy Rifkin
Rifkin tiene 51 años y es licenciado en Economía por
la Escuela de Economía y Comercio de Wharton, en Pensylvania,
y en Relaciones Internacionales. En los últimos años ha
impartido clases por todo el mundo y ha asesorado a grandes compañías
sobre temas relacionados con el empleo. Su nombre se ha hecho famoso
por sus libros sobre teoría económica, medio ambiente,
pensiones y por sus propuestas de reducir la jornada de trabajo para
combatir el paro.
"El trabajo estuvo primero en la agricultura, más tarde
en la industria y después en los servicios, pero la actual tecnología
llevará al paro a millones de personas", afirma Rifkin,
presidente de la Fundación de Tendencias Económicas de
Washington.
El economista traza un sombrío panorama en su libro "El
fin del trabajo". Y propone alternativas: reducir jornada y crear
un "tercer sector" que emplee a los que pierdan el trabajo.
Pregunta. Usted ha desatado una fuerte polémica
al afirmar que con las nuevas tecnologías no habrá trabajo
para todos. ¿Se acabarán los asalariados?
Respuesta. Sí. Muchos políticos
dicen que el paro se arreglará dando más formación
a los empleados. Pero con esto no basta. Vivimos un momento histórico.
Antes se exigía una amplia masa de mano de obra para producir
mientras que hoy, en la edad de la información, tenemos una mano
de obra muy elitista y bien pagada que trabaja con maquinarias sofisticadas,
Lo que no se ha planteado es qué hacemos con la gente que ya
no necesitaremos en el futuro y cómo planteamos el reparto de
las ganancias de esta nueva tecnología de la informática,
P. ¿No cree que históricamente se
han superado otros cambios tecnológicos y se ha salido adelante
creando empleo?
R. Hay que desengañar a la gente,
Hay que decirles que ya no se cumplen las hipótesis de la economía
clásica y neoclásica que decían que se creaba más
empleo del que se destruía,
Esto tenía su base en que las tecnologías hacían
subir la productividad abaratando el coste por unidad, con lo que aparecía
más demanda y más puestos de empleo.
P. ¿Y eso ya no ocurrirá nunca más?
R. No, En la segunda revolución
de los años veinte la electricidad sustituyó al vapor
y disparó la productividad, Miles de trabajadores fueron despedidos
porque la tecnología era más eficiente. Pero la patronal
vio que había un descenso del poder adquisitivo porque los trabajadores,
además, de ser trabajadores consumían.
Esto también pasó en los años cincuenta, sesenta
y primeros setenta. La teoría económica clásica
dice que si prescindimos de suficiente gente bajarán los salarios
y luego se les volverá a contratar porque es mejor pagar a esta
gente que tener máquinas. Pero hoy ni el trabajador más
barato puede competir con la máquina. En el año 2020 sólo
el 2% de los trabajadores trabajarán en las cadenas de las fábricas.
Se está sustituyendo al trabajador por un nuevo empleado del
sector del conocimiento, de élite.
P. ¿Quiénes formarán parte
de ese sector de trabajadores que usted llama de élite?
R. Lo forman técnicos, académicos,
educadores, profesionales, escritores, consultores, empresarios. Pero
aunque reformásemos toda la mano de obra en Estados Unidos y
en España para que trabajen en el sector del conocimiento, no
habrá suficientes empleos para los millones de trabajadores que
se quedarán sin empleo. Clinton dice que ha creado millones de
empleos en Estados Unidos, pero la mitad de la población no ha
votado en estas eleccio nes y el índice de participación
ha sido el más bajo de este siglo.
La gente pasa de política porque no cree que la economía
esté recuperándose. La estadística dice que tenemos
un paro del 5,2%, pero no incluyen los cinco o seis millones de personas
que han dejado de buscar trabajo. La cifra de paro real en Estados Unidos
es, al menos, del 13% o el 14%.
Le daré un dato: si tomamos a las 356 personas más ricas
del mundo, su riqueza combinada equivale a 2.000 millones de personas.
En la edad de la información se deben poder hacer mejor las cosas.
P. ¿Qué propone para evitar el paro
masivo que usted vaticina?
R. Bajar la jornada laboral y emplear
a la gente en el tercer sector. La semana laboral ya bajó de
60 a 48 horas y subieron los sueldos y los beneficios. Quizá
deberíamos bajar a 30 o 25 horas desde las 40 actuales.
P. ¿Se puede hacer eso en todos los sectores
de la economía y obtener los mismos resultados?
R. No digo que en todos los casos, pero
hay muchas empresas donde se podría bajar la semana laboral,
crear más trabajo y seguir subiendo los sueldos. El Gobierno
podría premiar fiscalmente a las empresas que contrataran más
gente. Los trabajadores tendrían dinero y no habría que
pagarles el paro. Ésta es la situación: el mercado está
pasando de la mano de obra de masas a una situación donde sólo
empleará a una élite.
P. Explique ese tercer sector. ¿Cómo
crearía empleo?
R. Es el sector del voluntariado que crea
capital social. Hoy existen entidades gubernamentales, grupos confesionales,
entidades no lucrativas, deportivas, de consumidores, ONG, grupos de
comunidades. En España hay miles de estas entidades no lucrativas
y que no son públicas. De ellas no se ocupa ni el sector del
mercado ni el sector público. Imaginemos que mañana por
la mañana todo este sector desaparece en España. ¿Cuánto
tiempo sobrevivirá el país.-¿Un-día, dos,
tres? Éste es el que llamo el tercer sector.
P. ¿Quién pagará los salarios
de este tercer sector?
R. Hay millones de personas que trabajan
en este sector. Estas asociaciones carecen de poder. Dependen de la
subvención gubernamental y de las aportaciones privadas. Sin
embargo, pueden convertirse en el nuevo centro de la política
exigiéndole al Gobierno y al mercado. En Barcelona o en Madrid
hay parados que no encuentran trabajo ni en el mercado ni en el sector
público, pero este tercer sector puede darles un trabajo. El
interrogante es: ¿cómo se paga esto? Yo digo que de una
manera u otra hay que pagar impuestos y que es más caro mantener
la red de prisiones, por ejemplo. En Estados Unidos el 3% de los varones
adultos o está en la cárcel o en libertad condicional.
Un preso cuesta 30.000 dólares al año. Este dinero se
puede usar para dar empleo en este tercer sector.
P. ¿Habría que subir los impuestos
para emplear a esta gente?
R. Impuestos hay muchos. Lo que digo es
que cada vez que se ponga un impuesto sobre un producto se utilice para
pagar a la gente que trabaje en el sector civil o tercer sector. Algunos
líderes empresariales me han reconocido que pagar esto para que
el mercado funcione es muy barato.
P. ¿Los directivos también deben
temer por sus empleos?
R. La reducción de empleo afecta
también a los directivos. He asesorado a empresas -y no quiero
decir nombres- donde se ha reducido el plantel directivo en un tercio
en sólo un año.
Sebastián Tabarra. El País. 17 de noviembre
de 1996.
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