| Introducción
En una búsqueda en Internet del término " Calidad
de Vida" surgen multitud de páginas.
Su contenido varía desde recopilaciones estadísticas presentadas
por diferentes instituciones, donde se recogen datos cuantitativos centrados
en indicadores económicos y sociales (niveles de renta, salud, educación,
seguridad, vivienda, etc.) hasta promociones turísticas de diversas ciudades,
regiones o países que se valen de unas supuestas características
privilegiadas de su “Calidad de Vida” para vender servicios turísticos.
La “Calidad de Vida” como reclamo también es utilizada en
las promociones de zonas residenciales y de viviendas, en la publicidad de bienes
de consumo, en la promoción de centros educativos, clínicas de
salud y centros de belleza, y hasta en ofertas de terapias, tests y publicaciones
centradas en la inteligencia emocional y “filosofías alternativas”.
En el campo de la medicina es un término que da una valoración del estado
de bienestar relativo de los pacientes, especialmente los crónicos y ancianos,
y en el campo de la ecología urbana valora el deterioro de la habitabilidad
y se presenta ligado a la sostenibilidad, como medida del grado de impacto de
las externalidades sociales y ambientales generadas por los actuales modelos
de desarrollo.
Evolución
del concepto
Desde el punto de vista conceptual, el término se popularizó en la década
de los 60 en relación a la preocupación por las condiciones de
vida urbana resultantes de la industrialización acelerada de la sociedad.
En los años 70 y 80 se fueron desarrollando una serie de indicadores estadísticos
que medían datos objetivos y los vinculaban al bienestar de la población.
Al mismo tiempo, y como reacción a los criterios economicistas y de cantidad
que caracterizaban los informes y estudios de nivel de vida, se fue abriendo
paso un término más ideológico que adquiriera sentido en
relación a un sistema de valores, como una evaluación subjetiva
de la existencia.
Así, el concepto de “Calidad de Vida” es ahora una construcción
compleja y multifactorial, que toca todos los aspectos de la vida humana.
Incluye medidas objetivas a través de indicadores que valoran el grado
de satisfacción de las necesidades básicas (la calidad de las condiciones
objetivas de vida) así como el grado de satisfacción subjetivo
en función de las expectativas y aspiraciones de los individuos (que dependen
de sus valores personales y de los modelos culturales imperantes).
Calidad
de Vida |
= |
|
Modelo cultural de valores |
x |
Condiciones
de vida |
+ |
Calidad ambiental |
+ |
Grado
de satisfacción personal (identidad cultural)
|
|
|
Aspectos
cuantitativos de la “Calidad de Vida”
El análisis tradicional del concepto ha girado en torno de las condiciones
de vida, a la disponibilidad de recursos y a las causas que han impedido la cobertura
de unos mínimos aceptables y su distribución equitativa.
Con el fin de poder realizar un análisis objetivo se precisan indicadores
cuantitativos mesurables de lo que se han llamado necesidades básicas,
entre las que destacan la educación, la salud, el trabajo, los recursos
económicos, el nivel asistencial, el tiempo libre, etc.
Son datos que se encuentran disponibles en los correspondientes Institutos Estadísticos
y en las recopilaciones y publicaciones anuales de diversas instituciones.
A nivel mundial, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo publica,
desde el año 1990, el informe anual sobre desarrollo humano, en el que
destaca un índice comparativo de las condiciones de vida entre diferentes
países, el Índice de desarrollo Humano (IDH), que se caracteriza
por englobar otros indicadores (Esperanza de vida, nivel educacional y nivel
de vida).
http://www.undp.org/hdr2001/spanish/
Aspectos
cualitativos de la “Calidad de Vida”
Partiendo del importante peso específico de las vivencias de las personas
y de los modelos culturales imperantes, el concepto de “Calidad de Vida” se
llena de valoraciones cualitativas, subjetivas, emocionales y culturales.
A los criterios objetivos que impregnan “el estado de bienestar” actual,
se le suman nuevos enfoques que ponen el énfasis en la cooperación,
la sostenibilidad y la participación social en la gobernabilidad, generando
nuevos ámbitos de interés y preocupación.
Desde este punto de vista aparecen nuevos retos (hacer frente a las externalidades
sociales y ambientales, encontrar nuevas formas de intervención en los
procesos sociales, dar respuestas a los problemas globales) y hace falta llenar
nuevos espacios y necesidades de actividad social, de recuperación ambiental,
de apropiación de espacios de identidad y de participación en la
toma de decisiones.
Así, un cambio en el sistema de valores dominantes en la civilización
actual (la competencia y el mercado lo solucionan todo, la fe en la tecnología
futura y la suerte, la esperanza en el crecimiento ilimitado) por otros valores
(la dependencia ambiental, la necesidad de cooperación, la prevención,
una mayor participación ciudadana) son factores claves en la generación
de expectativas y en la valoración subjetiva de las necesidades en relación
a la “Calidad de Vida”.
Calidad
de Vida y sostenibilidad
La Calidad de Vida viene determinada por tres aspectos (la calidad ambiental,
las condiciones de vida y la identidad cultural) que se muestran en los tres
extremos de la pirámide del siguiente gráfico.
La buena interacción entre estos aspectos determina la sostenibilidad
del modelo de vida, así como la gobernabilidad y la cooperación,
imprescindibles para mantener un nivel de vida viable.
Si el modelo cultural de valores apuesta por mantenerse dentro de
unos límites de equilibrio entre los tres polos (círculos
verdes), su viabilidad está asegurada.
Alcanzar o superar el círculo rojo en alguno de los tres extremos
de la pirámide sería apostar por un medio insostenible,
unas condiciones de vida imposibles o una identidad cultural desequilibrada
e ingobernable.
El establecimiento de un estándar de “Calidad de Vida” colectivo
implicaría un equilibrio entre los 3 polos y que les expectativas
de Calidad de Vida del modelo cultural imperante no superaran la sostenibilidad
del sistema ambiental, no pusieran en peligro la cooperación,
ni impidieran la participación social en la toma de decisiones
y en la gobernabilidad. |